Imagina un lugar donde el tiempo emana de la serenidad de un río, y la tierra guarda los susurros de siglos.
Donde cada amanecer dibuja un paisaje distinto, y el atardecer se guarda en la memoria como un regalo, un tesoro.
Con V de Valle, de vínculo, acogiendo a quien llega y cuidando a quién se queda.
Un Valle que une historias, generaciones y maneras de vivir, que respira en campos cultivados, plazas llenas y sobremesas compartidas de conversaciones sin prisa.
Con V de vida, la que se siente en sus tradiciones, en el trabajo paciente de sus manos artesanas, en las fiestas que dan forma a la memoria viva de mitos y leyendas.
En la hospitalidad de una tierra que sabe mirar a los ojos.
Es la misma vida que se refleja en murallas centenarias, en una catedral que asombra, en creaciones únicas que, como una gorra bordada de colores, han llevado el nombre de este lugar mucho más allá de sus límites, hasta el punto de inspirar al mismísimo Sorolla a pintarlas.
Aguas que fertilizan los cultivos y olivares, enriqueciendo la gastronomía, con aromas de pimentón y aceite, dando vida a los pueblos de luz, dibujando un paisaje que no se olvida.
Su queso de cabra con Denominación de Origen concentra el aroma del campo y el trabajo bien hecho, orgullo gastronómico que lleva el nombre de esta tierra más allá de sus fronteras.
Con A de Alagón, agua que guía, que recorre el territorio como un hilo invisible, descubriendo en cada curva una historia distinta.
Y de Agua que conoce cada rincón y cada voz, porque fluye junto a las huertas, atraviesa patios, escucha canciones y secretos.
Es un agua que invita, que atrae, que conduce a descubrir un lugar diverso, donde la cultura, la naturaleza y el sabor conviven a un paso de distancia, y donde cada encuentro deja una huella tan profunda como el cauce que mece sus orillas.
Con A de alma humana, de la resistencia viva de los oficios que se niegan a morir, de los artesanos que entre sus manos construyen un legado único, símbolos de identidad que emocionan: forjadores del hierro en campanas y cencerros, artesanos de veletas, de cerámica enchinada, de alfarería, tinajería, orfebrería y textil. Oficios que encuentran en Torrejoncillo un corazón declarado Área de Interés Artesanal.
Con A de autenticidad, porque aquí el tiempo no se mide en horas, sino en momentos que se saborean sin prisa. Y también de ancestral latido primitivo de las Carantoñas de Acehúche, en las danzas de los Negritos de San Blas por Montehermoso, en el fervor que recorre las calles de Torrejoncillo al paso de la Encamisá. El Valle del Alagón es un abrazo de naturaleza entre quejigos y olivares, orquídeas y jaras. Es el lujo silencioso de sentarse frente a los Canchos de Ramiro, a la orilla y sentir que, por fin, no hace falta correr.




Buscando el agua, llegamos al puente de Ceclavín, sobre el río Alagón. Estamos en el paraje de la fuente del Huevo, donde estuviera el balneario de las Huertas, abandonado tras la construcción del embalse. En Ceclavín, pueblo de orfebres y alfareros, destaca la iglesia de Nuestra Señora del Olmo, una de las mejores muestras del gótico tardío en Extremadura.
En el sector central de la provincia de Cáceres, nos dejamos llevar por el río Alagón, que reparte vida por sus orillas, a veces abruptas y siempre fértiles.
El río nos marca las rutas a seguir de la comarca. Su reguero de vida nos lleva hasta el castillo de Peñafiel, desde donde podemos disfrutar de los cañones del río Erjas en todo su esplendor. Nos encontramos en el extremo norte del parque natural Tajo Internacional y, por tanto, en un entorno privilegiado para avistar aves: buitres leonados, alimoches, cigüeñas negras, etc.
En los Canchos de Ramiro nos espera un magnífico roquedo sobre el río Alagón que da nombre a la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en la que se enclava. Si buscas el mejor lugar para visitarlos, el paraje del Boquerón es tu destino.
La gastronomía del Valle del Alagón destaca por sus productos de la huerta y el cerdo, con platos como las migas extremeñas, el embutido casero (patatera, morcilla), el cordero, y el famoso toro guisado con pimentón de la Vera, un ingrediente clave junto al aceite de oliva local; se complementa con quesos de cabra y oveja, dulces tradicionales (rosas, buñuelos), y el mazapán de Ceclavín.
La Denominación de Origen Queso de Acehúche es un sello de calidad que protege y pone en valor uno de los productos más representativos del Valle del Alagón.
Esta denominación garantiza que el Queso de Acehúche se elabora exclusivamente con leche cruda de cabra, procedente de ganaderías de la zona, siguiendo métodos tradicionales transmitidos de generación en generación. El entorno natural del Valle del Alagón —con su clima, pastos y saber hacer local— influye directamente en el carácter único de este queso.
El resultado es un queso de pasta blanda, corteza natural enmohecida y un sabor intenso y equilibrado, con matices caprinos muy definidos que lo hacen inconfundible. Cada pieza amparada por la D.O. es sinónimo de origen, autenticidad y calidad, respaldada por estrictos controles que aseguran su trazabilidad desde el campo hasta la mesa.
La comarca Valle del Alagón está surcada por varios ríos, entre los que destaca el Alagón, que riega con sus aguas las fértiles tierras en las que se extienden los cultivos de regadío, olivares, encinares y dehesas, el típico paisaje de la zona. Entre su patrimonio artístico sobresale notablemente la ciudad amurallada de Coria, antigua capital celta que conserva múltiples vestigios de su pasado romano, visigodo y templario, así como las murallas almohades de Galisteo.
Cada localidad muestra con orgullo al menos una iglesia y una ermita, bien renacentistas o barrocas, donde se veneran sus santos patronos. Pero si algo destaca en el Valle del Alagón son las enraizadas fiestas populares de gran sabor y tipismo, como los San Juanes de Coria, la Encamisá de Torrejoncillo, los Negritos de San Blas en Montehermoso o las Carantoñas de Acehúche, en la que seres disfrazados con burdas pieles asemejan bestias salvajes.
Para visitar la comarca se pueden realizar dos grandes rutas. Una parte de la monumental Coria, uno de los obispados más antiguos de Extremadura y que perteneció a los Duques de Alba. Trazando un ocho que empieza en Torrejoncillo, finaliza cerca de Calzadilla .
La segunda ruta comienza en Guijo de Coria y nos llevará hasta Morcillo atravesando ríos, embalses y típicas dehesas extremeñas.
Recomendaciones: Las principales fiestas de interés turístico tienen lugar entre diciembre y enero, así como en los meses de mayo y agosto. Muchas de ellas tienen orígenes desconocidos de fuerte componente religioso e incluso pagano. No se debe dejar de probar la gastronomía local, que incluye tanto productos del cerdo como pescados y un amplio abanico de verduras. Los amantes de la pesca no pueden olvidar sus aperos y los enamorados de la ornitología deberían llevar sus binoculares al visitar la zona.
ZARZA LA MAYOR
Centro de Identidad «La Encomienda de Peñafiel»
Teléfono: 613 074 379